miércoles, 7 de mayo de 2014

Para tardes tibias de abril

He escrito tantas veces su nombre en las paredes que ya no puedo ver la pintura debajo de la tinta, cada vez que recuerdo el hastío que me provoca estar dentro de esta habitación, mis pupilas dilatadas buscan aborazadamente la puerta, para salir, salir de las cuatro paredes que me rodean con el nombre que retumba una y otra vez rebotando como si fuera un eco infinito, dentro de esta habitación sin puerta, que no he encontrado aun, el eco rebota sin parar ya que tampoco encuentra la puerta para salir y mezclarse con el aire tibio que hay fuera de esta recamara, donde solo te encuentras tu, porque yo ya me he perdido.

la luz tampoco encuentra una salida, y desesperanzada ilumina la habitación que tu misma y yo creamos tan tranquilamente en esas tardes de abril, cuando podíamos aparecer rosas con el simple hecho del roce tibio de nuestras manos, las mías ásperas y las tuyas tan suaves como el pelaje de un conejillo blanco, recuerdo como nos mirábamos, como se encontraban nuestras pupilas una a una como dos canicas esperando ser lanzadas por aquel niño que juega con ellas, esperando chocar la una con la otra, y salir de aquel circulo trazado con una tiza blanca en el pavimento, recuerdo como mordisqueabas tus labios, lentamente, dulcemente, como apretabas tus piernas cuando me encontraba debajo de ellas, como se erizaba tu piel con el roce de mis dedos, y mis manos ásperas que recorrían lentamente cada centimetro de piel que cubría a aquel conejillo blanco, que erizaba al roce de mis labios, como abrías la boca de la cual escapaban feroces caballos blancos, y corrían a destiempo por toda la habitación, y luego se iban por aquella puerta que siempre estaba abierta, porque decías que si los caballos no podían salir, al trote nos atropellarían y llevarían con ellos, tristemente recuerdo cada cosa, cada suspiro, lamento, y risa, tristemente escribo aun tu nombre en las paredes, porque esta habitación nos pertenece como nos pertenecemos el uno con el otro, porque nos hemos hecho nuestros, pero ahora la puerta no esta, no esta abierta tampoco, no la encuentro, me quedo en la habitación, solo, solo, acompañando al eco de tu nombre, y al rebote constante de la luz desesperanzada. 


/analijimenez

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